El 28A y la pantomima preelectoral

Colaboración de Bruno G. Loizaga (Estudiante de Ciencias Políticas de la UCM)

Este 28 de abril nos enfrentamos los españoles y las españolas a lo que son las elecciones más inciertas de toda nuestra democracia. La irrupción de dos fuerzas políticas como Podemos y Ciudadanos transformaban y complicaban la gobernabilidad que se había dado en los primeros años de gobiernos democráticos. A pesar de esto, el panorama político español sigue en un profundo cambio y continua con la moda europea con lo que respecta al auge de un quinto partido político, en nuestro caso, de extrema derecha, llamado Vox. Partido, que según las últimas estimaciones del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), podría alcanzar hasta el 11% de los votos en estas elecciones.

Con el declive del Partido Popular tras el nombramiento del nuevo candidato a la presidencia del gobierno, Pablo Casado, y tras la moción de censura debido a los múltiples casos de corrupción en el que el partido se ha visto implicado, Mariano Rajoy salió de la Moncloa, el PP ha salido bastante escarmentado de la situación. Por otro lado, una vez aprobada la Moción de Censura por parte del Partido Socialista Obrero Español, Pedro Sánchez consiguió acceder a la presidencia del gobierno con tan solo 84 diputados. No fueron meses fáciles para el grupo socialista, las diversas luchas internas, la pérdida de lo que había sido el feudo andalusí y la continua lucha por la cuestión territorial catalana parecía que le iba a pasar factura al partido de Pedro Sánchez, pero lo cierto es que el barómetro del CIS de marzo otorgaba al partido una fuerte crecida con respecto a las últimas encuestas, algo que se puso en cuestión no solo desde los medios de comunicación y partidos políticos de la oposición sino desde el mismo CIS.

Es evidente que el panorama político español no es el mismo que el de hace diez escasos años, pero hay algo que no cambia, que sigue estando ahí presente que son las campañas electorales y los debates televisados, ahora no con dos candidatos sino con cuatro o incluso más. Debates que baten records de audiencia y que se reproducen a través del medio más aceptado y accesible a la población como es la televisión. En esta última semana hemos disfrutado de dos debates consecutivos entre los cuatro candidatos a la presidencia, uno en televisión pública y otro en televisión privada, este último llegando a tener 9,5 millones de personas de audiencia.

En estos últimos días de debate hemos estado presentes en lo que he calificado como una pantomima preelectoral por parte de los candidatos, con referencias sin sentido, con una falta de coherencia total, continuas desautorizaciones y con el típico “¡Tú más!” Un debate propio de bar, donde la falta de rigor y de propuestas ha estado más que presente. Nos hemos encontrado con los candidatos de la derecha española ansiosos por quitarle el poder a Pedro Sánchez, sin propuestas concretas, con la misma propuesta de todas las elecciones de “bajar los impuestos” y que poco han centrado el debate en la calidad de nuestros empleos, el cambio climático o la violencia de género.  Unos candidatos que han centrado su discurso en la cuestión territorial, acusando de forma grave al presidente de ser cómplice de terroristas, de querer destrozar la unidad territorial del país y con continuas descalificaciones hacia Pedro Sánchez y hacia su partido.

En el otro lado de la mesa de debate nos hemos encontrado con un partido socialista, el cual ha intentado sacar pecho de las medidas que ha tomado su gobierno en un tiempo record. Medidas que sería curioso de ver si se hubieran aprobado de no ser por la presión y los apoyos del grupo parlamentario Podemos. Hemos visto a un Pedro Sánchez que, alejado de mostrarnos cuál es el camino y las medidas concretas que quiere tomar para nuestro país, les ha seguido el juego a las fuerzas de derecha y ha caído en lemas repetitivos de luchas sociales, como la del feminismo con el “No es no”. Además pudimos ver un Pablo Iglesias, que consiguió posicionarse como el candidato más sosegado y pudo ofrecernos una serie de ideas concretas con respecto a sus propuestas electorales. Cierto es, que se presentó como un adalid de la constitución española, haciéndose valer por ella cuando hace unos años en muchos aspectos renegaba de ella.

En conclusión, la misma pantomima de todas las elecciones, donde la falta de propuestas concretas, la claridad y la transparencia hicieron acto de presencia. Donde no conseguimos ver a una mujer como candidata a la presidencia de nuestro país, no hemos visto propuestas con lo que respecta al empleo juvenil, a las jubilaciones, al cambio climático ni al peligro que puede llegar a suponer que una fuerza de extrema derecha entre en nuestro parlamento con amenazas como cerrar televisiones o medios de comunicación que no sean afines a su ideología o propuestas racistas y xenófobas como emplear a nacionales por encima de cualquier otra persona.

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