La lacra del fútbol y la sociedad

SERGIO JUANES | © de la fotografía: Getty Images

“No me siento italiano, soy italiano”, respondió molesto el joven talento Moise Kean ante la tan frecuente como innecesaria pregunta de los periodistas sobre la presencia de futbolistas negros en la Selección Italiana. Y es que Kean, nacido en Vercelli y descendiente de emigrantes marfileños, no solo ha demostrado tener argumentos futbolísticos para convertirse en una de las próximas estrellas de este deporte –un físico privilegiado y una definición exquisita avalan a un delantero que ostenta la hazaña de ser el goleador más joven de las cinco grandes ligas-, sino también una personalidad encomiable para enfrentarse a todo lo que se le ponga por delante. Esta vez fue una horda de neandertales que se empeñan en perpetuar una de las grandes lacras de la sociedad en general y del fútbol en particular: el racismo. El jugador, que fue víctima durante todo el transcurso del partido entre el Cagliari y la Juventus de remedos simiescos, se encargó de contestar y demostrar con un gol y una celebración desafiante haciendo la estatua ante la curva de la Arena de Cerdeña, reincidente en episodios racistas, quiénes son los civilizados y quiénes los animales en esta desagradable historia.

Con todo lo acontecido en el terreno de juego, nadie pensaría que el episodio de más gravedad se viviría en zona mixta. Bonucci, una de las voces más autorizadas del vestuario juventino, no solo no defendió a ultranza a su compañero sino que, tratando de mantener una burda equidistancia que no tiene lugar en estos casos, lo hizo responsable al “50%” de lo que minutos antes había acontecido. Terribles palabras del defensor bianconero –que posteriormente se vio obligado a reformular a través de su cuenta de Instagram- convirtiendo en igualmente culpables a los transgresores y a la víctima y justificando de alguna manera unas actitudes racistas que comienzan a concebirse como habituales en un país en el que predominan discursos como el de Matteo Salvini. Las críticas a Bonucci no tardaron en llegar. Futbolistas como Sterling, Depay o Balotelli mostraron su apoyo a Kean y su malestar con el central por tan avergonzantes declaraciones. Lilian Thuram, ex jugador de la Juventus y la Selección Francesa, fue mucho más duro con el zaguero: “Es como cuando se produce la violación de una joven y aparecen personas que justifican a los violadores poniendo de relieve que la niña iba vestida de forma provocadora. Por gente de este tipo la lucha contra el racismo y la xenofobia está estancada”. Y es que lo cierto es que en esta lucha desgraciadamente anquilosada todavía queda mucho camino por recorrer.

Esto ya lo he visto. Corría el minuto 89 de un partido que parecía visto para sentencia en el Estadio de la Cerámica cuando Messi cayó al borde del área amarilla. “Esta falta ya la ha marcado. Esto ya lo he visto”, me giro a decirle a mi hermano, con quien acostumbro a ver los partidos de fútbol. Apenas un minuto después el astro argentino me confirmó que, efectivamente, eso ya lo había visto. Misma falta, en el mismo escenario, ante el mismo portero y hasta en el mismo minuto. Ver para creer. Y es que si Messi nos tiene acostumbrados a la invención de nuevos trucos para mantener la expectación en un repertorio que no parece tener fin, ha encontrado en la repetición de la gesta una nueva forma de continuar causando el delirio de algunos para deleite de la mayoría. La excelencia como rutina. La grandeza de quien encuentra en la mímesis de sus propias obras una nueva forma de evidenciarse como amo y señor de un deporte que hace ya tiempo que le pertenece.

Y si Messi hizo suyo el partido en el último cuarto de hora, Cazorla, otro al que también ya le hemos visto ser autor de grandes recitales balompédicos, gobernó el resto del encuentro con una actuación superlativa tras unos primeros quince minutos de caos amarillo. El mago de Lugo de Llanera vuelve a disfrutar del fútbol para fruición de cualquier aficionado que se precie. Tras tres años de lesiones, recaídas y sufrimiento en los que solo el bueno de Santi sabe lo que ha padecido, el fútbol tiene de vuelta a uno de los máximos exponentes de todo lo bueno que tiene este deporte. “Confórmate con poder volver a jugar con tus hijos en el jardín”, le llegó a espetar un médico durante un calvario que parecía sempiterno. Cazorla, sin embargo, no se conformó, y no solo vuelve a jugar en el jardín de su casa sino que lo vuelve a hacer en los grandes estadios de España con la maestría de quien tiene el balón en los pies y el fútbol en la cabeza. Y es que quien tuvo, retuvo.

Niño y héroe celeste. Las lágrimas de Iago Aspas en el banquillo tras ser sustituido son las lágrimas del celtismo, son fruto de un sentimiento, más humano que futbolístico, hacia una afición y una camiseta que estaban huérfanas de un argumento, un mínimo atisbo de esperanza al que agarrarse para evitar una catástrofe en forma de descenso que comenzaba a parecer cada vez más ineludible. Un partido ganado de los últimos doce llevaba el conjunto celeste desde la lesión del de Moaña. Falto de ritmo y todavía renqueante de la rotura que le ha tenido apartado algo más de tres meses, Aspas cargó sobre sus botas toda la responsabilidad de un club que en estos momentos se sostiene tanto futbolística como institucionalmente sobre él. La sola presencia de Iago contagió a la afición y a una plantilla derrotada anímicamente desde hacía varias jornadas, y con dos goles y un recital de recursos futbolísticos dio la vuelta a un encuentro que sin su presencia hubiese sido un desastre más de los muchos que acumula el conjunto celeste en la temporada. Con el partido agonizando y con un triunfo más que necesario amarrado, a la parroquia de Balaídos no le salió más que corear, tal y como hiciera tras anotar el gol de la remontada, el nombre del futbolista gallego, que para entonces ya lloraba desconsolado en el banquillo. “Lloraba por una pupa”, tuvo que decirle a su hijo cuando este le preguntó. Pero eran las lágrimas del sentimiento, las del niño que ha sufrido durante meses la debacle del equipo de sus amores y las del hombre que busca revertir el rumbo de un club que hace tiempo que pasó a ser suyo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s