La magia de Gerda Taro

PAULA GASPAR

Gerda es considerada como la primera fotoperiodista de guerra en morir en el campo de batalla, pero eso no es lo que la hace especial. Su manera de bailar entre las trincheras. Su estilo coqueto mientras empuñaba un arma. Su alegría revolucionaria. Todo ello la hacía única.

La historia de Gerta Pohorylle, más conocida por el pseudónimo Gerda Taro, no deja indiferente a nadie. Nació en Alemania en 1910. De familia judía polaca, disfrutaba de un cierto posicionamiento burgués. Participó en movimientos obreros y socialistas desde muy joven, pero la llegada del nazismo a Alemania dinamitó la vida que conocía. Tras ser detenida en 1933, se vio obligada a huir a París.

Su corta estancia en la cárcel de Leipzig nos deja historias como la de que al escuchar desde su celda la paliza que miembros de la Gestapo le estaban propinando a un recluso, Gerda hizo sonar una campana que retumbó por todo el edificio. Buscaba que los torturadores cesaran en la paliza. También era conocida por su manera de desafiar a los carceleros y por haber inventado un alfabeto a base de golpes en las paredes de las celdas para comunicarse con sus compañeras.

Con la llegada a París conoció a André Friedmann. El joven húngaro le enseñó todo lo que sabía sobre fotografía. Muy pronto ella lo puso en práctica. Su audacia con la cámara, la manera que tenía de captar emociones y su fijación por fotografiar a mujeres y niños huérfanos dotan a sus instantáneas de una sensibilidad especial. La pareja recorría tantos lugares como podía, así nace Robert Capa. A Gerda se le ocurrió la idea de crear un personaje ficticio que, acompañado de una gran fama en el mundo de la fotografía, les permitiera vender sus instantáneas a un mayor precio. Una vez llegados a España, Gerda y André realizarían instantáneas bajo el nombre de Robert Capa.

Gerda Taro y
André Ernö Friedmann

“El pequeño zorro rojo” o la “Cazadora de luz”. Así era conocida por compañeros de profesión. Tenía un don para escurrirse hasta conseguir la mejor foto. Tan astuta como valiente y risueña, era admirada por quien la rodeaba. María Teresa de León y Rafael Alberti tenían un cariño especial por la joven. Este último le dedicó las siguientes palabras: “el alborozo del peligro, la sonrisa de la juventud inmortal, dinámica, valiente, tal vez inconsciente, pero en cualquier caso decidida e irresistible”.

Con el tiempo, las fotografías bajo en nombre de “Photo Capa” acabaron siendo atribuidas únicamente a André. Esto, unido a que Gerda rechazó la propuesta de matrimonio de André, hizo que comenzara a poner las instantáneas bajo el nombre de “Photo Taro”. No estaba dispuesta a ser eclipsada.

Existen sospechas de que la famosa imagen “Muerte de un miliciano” -que transmite la idea del valiente fotógrafo, varón, que arriesga su vida para conseguir la mejor instantánea- atribuida a Robert Capa (André) pudo haber sido captada por Gerda.

Muerte de un miliciano

Siempre estaba cerca, física y emocionalmente, preparada para captar el día a día de soldados y civiles. Quizás, esa proximidad fue la consecuencia del fatal desenlace. Murió el 25 de julio de 1937 como corresponsal gráfica de “Ce Soir” durante la Guerra Civil Española. El alboroto formado en el frente tras el paso de aviones alemanes a baja altura hizo que Gerda saliera despedida del coche en el que viajaba y cayera al suelo. Un tanque republicano que estaba realizando una maniobra cayó sobre ella. Fue trasladada al hospital El Goloso, donde falleció unas horas después. Murió seis días antes de cumplir 27 años.

Janos Kiszely limpia la sangre de la cara de Gerda Taro

El 16 de enero de 2018 John Kiszely, un exsoldado e historiador, publica en su cuenta de Twitter una fotografía para homenajear a su padre, un médico húngaro que trabajó durante la Guerra Civil Española. En la imagen aparecía su padre limpiando la cara ensangrentada de una joven. Poco después la colaboración de historiadores y unas grabaciones de 1992 revelaron que la mujer de la imagen era ella. La última fotografía de Taro.

La historia de Gerda ha sido ignorada por investigadores durante años. Consideraban sus instantáneas como expresión de ideología comunista. No fue hasta los 70 cuando Gerda volvió a llamar la atención de investigadores, pero lo que relanzó su historia fue el hallazgo en 2007 de 4.000 negativos en México sobre la Guerra Civil Española. Estas fotografías eran, además de Taro, de Capa y de Seymour. Actualmente recorren el mundo de exposición en exposición.

Su práctica fotográfica durante la Guerra Civil Española supuso una redefinición del fotoperiodismo de occidente. Como una combatiente más, cada disparo de su cámara retrataba las penurias que la sociedad vivía. Ojo de fotógrafa, alma de periodista y coraje de guerrera, eso hizo que viviera a toda velocidad.

Gerda Taro

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