Nietzsche, la antítesis y primer inmoralista

INÉS RECASENS

Desconcertada, y con aún más dudas de las que ya albergaba, terminé por fin de releerme Ecce Homo. Ha sido mi primera aventura con Friedrich Nietzsche, filósofo prusiano –aunque él mismo aborrecería esta calificación– que no pasa desapercibido y que aprovecha cualquier circunstancia para adentrarse en terreno peligroso. ¿Qué impulsó mi interés para leer a Nietzsche, y qué puede avivar el vuestro? Aparte del excelente tratamiento y uso del lenguaje que había escuchado que empleaba, comencé a indagar para comprender la antítesis de la filosofía moderna.

Friedrich Nietzsche, 1844-1900.

Nietzsche es un tipo peculiar que en su época supo romper todos los esquemas de la concepción social del mundo. El filósofo, poeta y en ocasiones compositor demuestra, a través del dominio de la lengua alemana y de su intelectualidad, numerosos argumentos a favor de lo verdaderamente humano, que se encuentra alejado de lo culturalmente establecido. Esto es lo dionisiaco,  que según Nietzsche,  no es sólo comprender la palabra en sí, sino comprenderse dentro de ella.  El iconoclasta ético y social par excellence enseña un mundo a través de sus escritos que jamás ha sido revelado. El único filósofo al que puede aproximarse previamente es Heráclito –de la Antigua Grecia–, de cuya obra no quedan más que escasos fragmentos. No obstante, lo que Nietzsche tuvo firmemente claro es que pertenecía a un futuro indeterminado y que se hallaba a “6000 pies más allá del hombre y del tiempo”. El filólogo supo dar un drástico giro cultural que llevó a muchos a pronunciar, entre otras: “Dios ha muerto”.

El superhombre, lo apolíneo y lo dionisiaco, el nihilismo activo o la transvaloración de los valores son las aportaciones más conocidas a nivel mundial de la filosofía nietzscheana. Sin embargo, quedan muchas otras que realmente revuelven el estómago, que encierran enigmas inauditos y que causan una sensación de profundidad abismal.  Hablo, por ejemplo, del amor fati, una propuesta que entiende la vida como un devenir en el que no solo hay que  “soportar lo necesario, sino amarlo”. Esta fórmula es empleada por Friedrich Nietzsche para expresar la verdadera gloria del hombre, amar al destino sin querer que nada sea distinto, por toda la eternidad. El himno a la vida, poema elaborado por la señorita Lou Andreas-Salomé, la única mujer a la que Nietzsche amó y a la que nunca logró conquistar, representa la única mirada posible hacia la vida. Nietzsche admiraba este poema, pues para él poseía grandeza. El dolor no es considerado una objeción contra la vida, sino que forma parte de nuestro destino.

AL DOLOR

¡Sin duda, un amigo ama a un amigo
como yo te amo a ti, vida llena de enigmas!
Lo mismo si me has hecho gritar de gozo que llorar,
lo mismo si me has dado sufrimiento que placer,
yo te amo con tu felicidad y tu aflicción:
y si es necesario que me aniquiles,
me arrancaré de tus brazos con dolor,
como se arranca el amigo del pecho de su amigo.

Con todas mis fuerzas te abrazo:
¡deja que tu llama encienda mi espíritu
y que, en el ardor de la lucha,
encuentre yo la solución al enigma de tu ser!
¡Pensar y vivir durante milenios,
arroja 
plenamente tu contenido!
Si ya no te queda ninguna felicidad que darme,
¡bien!, ¡aún tienes tu sufrimiento!

Richard Wagner. Influencia en los inicios del pensamiento nietzscheano.

No se puede interpretar a Nietzsche sin conocer a Richard Wagner, compositor alemán de la época que vislumbró e influyó fielmente los inicios de la obra del filósofo. En sus años más jóvenes, Nietzsche entabló una relación epistolar con Wagner, que con el tiempo fue adquiriendo solidez. El compositor había sido un duro crítico y enemigo del cristianismo, hasta que en cierto día se convirtió a esta doctrina y según Friedrich, se había enguirnaldado en lo “alemán”. Grave traición para Nietzsche, pues él no concebía cultura peor que la alemana y, por supuesto, peor moral que la cristiana. La antigua amistad entre Wagner y Nietzsche se había tornado en una descubierta, inherente e hiriente enemistad. Aquí comienza el tercer período de la obra de Nietzsche, el “período de Zaratustra” o de la “voluntad de poder”.

La moral como síntoma de décadence

Para él, la moral debía ser entendida como un síntoma de décadence, lo que suponía una innovación. Se calificaba a sí mismo como el primer inmoralista,  ya que ofrece una cosmovisión totalmente contrapuesta a la moral de la época, basándose ésta en que los conceptos-mentiras como “alma”, “Dios”, “virtud”, “pecado” o “voluntad libre” –sirviendo como auxiliares a la ética del momento­– arruinaban la humanidad, favoreciendo así la conservación de lo degenerado. La humanidad estaba siendo gobernada por las peores manos, en las de los fracasados y “astutos vengativos”. Infectado estaba todo aquel que estuviese en desacuerdo con el filósofo. Nietzsche es antítesis, o es, más bien, la antítesis. 

Nietzsche, Wagner y el nazismo

No sería adecuado negar que muchas premisas del nazismo están fundamentadas en las ideas de Friedrich Nietzsche y de Richard Wagner. Aún así, en muchas ocasiones se culpa del pensamiento nazi a estos dos señores, lo cual es completamente erróneo. En mi opinión, no es preciso que la sociedad acuse a Nietzsche y a Wagner de la actitud del líder nazi y de sus seguidores. ¿El motivo? Aquí lo encontramos. Respecto al filósofo, Nietzsche no soportaba a los alemanes: “todos los grandes crímenes contra la cultura en los últimos cuatro siglos [esta cita fue redactada en 1888] los tienen ellos sobre su conciencia”. La propaganda nazi intentó argumentar el antisemitismo en ideas como la del superhombre, intentando volver a “hacer grande” la nación alemana, o en pasajes como este: “Supongamos que mi atentado contra los milenios de contranaturaleza y de violación del hombre tiene éxito. Aquel nuevo partido de la vida que tiene en sus manos la más grande de todas las tareas, la cría selectiva de la humanidad, incluida la inexorable aniquilación de todo lo degenerado y parasitario, hará posible de nuevo en la tierra aquella demasía de vida de la cual tendrá que volver a nacer también el estado dionisiaco”. Es debido considerar que Nietzsche hace referencia a lo “degenerado” como todo aquello bajo la influencia del orden moral dominante ­–lo apolíneo. Se basa en conceptos, no en personas. Se debía eliminar y acabar con los valores de esa “contranaturaleza”. En cuanto a Wagner, si es conveniente matizar que en varios escritos y textos manifestó cierta aversión a los judíos, sobre todo en materia de música. No obstante, el compositor alemán mantuvo a lo largo de su vida varias amistades de origen judío. Wagner sostuvo un estrecho vínculo con Samuel Lehrs, amistad a la que definió como “una de las amistades más bellas de mi vida”. Adolf Hitler fue un gran admirador del compositor, que ya había fallecido seis años antes de su nacimiento, y se apropió de varias de sus composiciones para amparar la propaganda nazi, como es el caso del festival de Bayreuth, uno de los más célebres de Wagner. Es por ello que se asocia tanto al músico con el nazismo, por la efectiva divulgación que Hitler emprendió sobre su obra. De hecho, hace unos años leíamos titulares como “En Berlín retrasan la función de ‘Rienzi’, de Wagner, para que no coincida el 20 de abril con el cumpleaños del líder nazi”, para así poder desatar todos los nudos y vínculos de la excelente ópera del compositor y de uno de los mayores genocidas de la historia.

Al leer a Nietzsche es inevitable sacar una sonrisa ante sus fantásticas ironías y uso de metáforas. Si os he despertado la curiosidad por leerle, recomiendo escuchar a Wagner de fondo para poder comprender el éxtasis filosófico de la obra nietzscheana. La creación de Nietzsche en vida no tuvo ni mucho éxito, ni mucha popularidad. Él se convencía pensando que en Alemania se le silenciaba, y que bien pocos eran quienes realmente comprendían sus libros. Sin embargo, su legado ha sido y continúa siendo estudiado con posterioridad a su fallecimiento. Sumido en la locura, Nietzsche dejó un mundo al que tachaba de despreciable.

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